Comité Técnico Arbitral

LA EXPERIENCIA DE LUISMI OLIVAS EN KENIA

Un balón, cientos de ilusiones


El colegiado Luismi Olivas ha logrado que el baloncesto supere la frontera del deporte y pase a ser un educador social. Lo ha conseguido en Molo (Kenia), donde durante más de dos semanas creo de la nada un campus de baloncesto.

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UN BALÓN, CIENTOS DE ILUSIONES

Así es como podríamos resumir la experiencia vivida. Primeramente, me gustaría situarnos. El 20 de Julio, partíamos de España con rumbo a Molo, un pueblo de unos 20.000 habitantes situado al norte de Kenia, en el Rift Valley. Un pueblo con muy pocos recursos, donde una de las prioridades (en casi toda Kenia) es la educación. Fuimos a una escuela de allí, Chazon Children Centre que tenía 437 niños desde guardería hasta octavo.

El objetivo principal, era hacer un campus de baloncesto con aquellos niños comprendidos entre 8 y 13 años, enseñarles los valores del deporte en equipo, algo complicado debido a los pocos recursos que se disponen allí, y sobre todo debido al desconocimiento de estos niños sobre dicho deporte.

Antes de viajar, intentábamos imaginarnos cómo sería todo aquello. Sabíamos que serían muy felices y que íbamos a poder disfrutar durante 3 semanas de su alegría, con una vivencia entorno al baloncesto. Pero realmente, todo ha superado las expectativas y es muy complicado describir las emociones vividas. Con estas líneas no pretendo entristecer a nadie, todo lo contrario. Quiero transmitir el optimismo y energía que los niños de esta pequeña escuela, tienen en cada minuto de su día.

Desde el primer día quisimos comenzar a jugar entorno al balón. Un balón, que para nosotros es un instrumento para poder hacer un deporte en equipo, para ellos es una ilusión. Esos balones rojos y amarillos que la Federación nos regaló, se convirtieron en el deseo de todos por tocarlos y tenerlos en sus manos.

Durante las dos primeras semanas, todos los días hacíamos juegos con los  balones y con los niños separados según sus clases. Intentábamos siempre dos objetivos: “Equipo” y “El balón como amigo”.

Algo tan fácil que a priori puede parecer, os aseguro que no llegamos a culminar. No son capaces de entender qué es un equipo. Allí en su día a día son niños-hombres que están solos frente a la vida. Y así también se comportan dentro de la escuela incluso en los juegos de equipo (carreras de relevos, pañuelo, vigilante,…). No eran capaces de entender que jugaban para el equipo. Les daba igual no ganar como equipo, lo que ellos querían era volver a jugar y repetir el ejercicio ellos mismos, aunque con ello penalizase al resto de compañeros. El otro objetivo “El balón como amigo”, sí que fue más fácil de explicar y de comprender. Al principio, no entendían que eran balones los cuales no se pegaban patadas, sino que se jugaban con la mano y también los utilizaban para tirárselos unos a otros, pero enseguida entendieron que sin el balón no había juego.

La última semana, fue el momento más bonito e ilusionante para los niños. Fue la culminación de muchas horas de vivencia con ellos. Organizamos lo que bautizamos como CHAZON OLIMPIC GAMES. Planteamos 8 actividades diferentes de las cuales 2 de ellas eran el fruto de estas dos semanas de trabajo: baloncesto y carreras de relevos con los balones. Y en concreto el desbordamiento de alegría vino cuando para la actividad del baloncesto repartimos las equipaciones completas de la Federación. En total 36 uniformes que sirvieron para hacer que los niños se sintieran los más importantes en esos días. Además, los ganadores de las olimpiadas de cada  una de las clases se llevaron como premio un equipación  cada uno. La ceremonia de entrega fue un éxito, gracias a la ilusión por parte de los niños para recoger dichos premios.

Resaltar que durante estas semanas, no sólo enseñamos a los niños sino también a los profesores. Les quisimos transmitir la necesidad de dar continuidad al trabajo comenzado. Les vimos muy concienciados de la importancia de enseñarles los valores del deporte en equipo. Estoy convencido que cuando podamos volver a Molo (Kenia), las cosas serán mucho más fáciles y los niños serán grandes jugadores de equipo y grandes hombres dentro de su sociedad.
Para terminar, me quedo con una frase que una niña de 13 años, que no tenía ni para cenar la gran mayoría de los días, sin padres, vivía con la abuela y nos dijo con gestos y saltos de alegría: “Algún día iré a España, y así podré veros”  ILUSIÓN Y OPTIMISMO NO LES FALTABA!!


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